Oliveira y Berlusconi abren Cannes
10:54
El centenario director portugués Manoel de Oliveira abriendo la sección Una Cierta Mirada, un documental italiano que arremete feroz contra Silvio Berlusconi, “El beso de la mujer araña” como arranque de Cannes Classic y la apertura de la Quincena de Realizadores marcaron ayer jueves el ritmo trepidante del Festival de Cannes.
Un joven fotógrafo recibe el encargo de hacer el últino retrato de Angélica, una joven fallecida a poco de contraer matrimonio, y el fotógrafo se queda prendado de su hermosura.
A la edad de 101 años y con prácticamente 80 de carrera ininterrumpida, el cineasta luso propone un cuento que es una nueva y estimulante propuesta de puro cine, de cine puro que dilata las escenas sin atajos en un marco austero e intemporal, y mezcla los géneros con toda naturalidad, del documental al cine fantástico.
Lejos de esta propuesta onírica teñida de melancolía, “Draquila: la Italia che trema” (Draquila - Italia tiembla), el nuevo documental de Sabina Guzzanti, arremete de frente contra el presidente del consejo italiano, Silvio Berlusconi.
Basándose en testimonios y meses de investigación, la realizadora de “Viva Zapatero” acusa esta vez a Berlusconi de usar en beneficio propio y de amigos suyos la reconstrucción de L’Aquila, después del terremoto que el 6 de abril de 2009 arrasó la ciudad con un balance de 308 muertos y 80.000 damnificados.
El documental, recibido con aplausos en su primer pase especial de la sección oficial, provocó una reacción indignada del Gobierno italiano.
Otro documental inauguraba este jueves la Quincena de Realizadores, “¡Benda Bilili!”, título que retoma el nombre de un espectacular grupo de músicos tullidos descubierto por los cineastas franceses Renaud Barret y Florent de La Tullaye en las calles de Kinshasa, la capital del Congo.
UN CINEASTA INCOMBUSTIBLE
A la edad de 101 años y con prácticamente 80 de carrera ininterrumpida, el cineasta luso propone un cuento que es una nueva y estimulante propuesta de puro cine, de cine puro que dilata las escenas sin atajos en un marco austero e intemporal, y mezcla los géneros con toda naturalidad, del documental al cine fantástico.
En este extraño caso, Oliveira filosofa sobre rayos cósmicos, materia y antimateria, hace de la muerte el hilo conductor de su relato, con un final que puede sonar a despedida si no fuera porque al cineasta lo dan por despedido cada vez desde hace ya un buen puñado de películas.

0 comentarios