“El Aprendiz de brujo”

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Vemos el comienzo de esta película y nos queda una interrogante cuando escuchamos a un señor contándonos, en tono muy serio y formal, que las guerras entre los brujos se iniciaron en el Siglo VII después de Cristo, y que en esos días Balthazar Blake logró encerrar en un pequeño receptáculo a Horvath y a Morgana Le Fay, porque esos dos eran unos brujos malvados cuyo único deseo era destruir toda la Humanidad, y que entonces el muy honorable Balthazar se ha pasado todos esos siglos a partir de aquel tremebundo triunfo buscando un discípulo que pudiera sucederle.

O sea, el señor de la voz en “off” nos informa de todos esos detalles tal y como si estuviera hablando de lo sucedido con los Césares romanos, los filósofos griegos o los Borgia, y habrá quienes, descuidados, atolondrados o ignorantes, se traguen el cuentazo como si fueran noticias del diario de la mañana.

Pero, a decir verdad, a nosotros prácticamente en nada nos preocupan las historias que se inventan los “maravillosos” guionistas de Hollywood, porque esos señores muy bien saben que seguirán cobrando muy buenas sumas de dinero sin importar lo que “creen” o, tal vez, esforzándose cada vez más en extirpar el más mínimo dejo de verosimilitud, belleza o sentido común en sus historias porque todo parece indicar que eso es lo que les solicitan los productores porque estos últimos, a su vez, han analizado concienzudamente a través de sus maravillosas encuestas los gustos de sus víctimas, es decir, de los cinéfilos que acuden en masa a ver estas rotundas necedades.

Y, por si acaso, en la necedad de turno encontramos al muy destartalado Nicolas Cage como el tal Balthazar, y no hace más que comenzar el asunto y se inicia el pavoroso desfile de efectos especiales, o sea, lo que ya hemos dicho docenas de veces; que no se escribe una historia y en ella, de ser necesario, se insertan efectos especiales, sino que se crean docenas de diferentes efectos y entonces le escriben cualquier tontería para rodarlos.

Claro, Balthazar encuentra a su discípulo, pero de inmediato reaparece el malvado que estaba enclaustrado en la redoma y se inician los más terribles enfrentamientos que usted pueda imaginar: paredes que se derrumban a fuerza de magia, persecuciones trepidantes con chocadora de autos, golpes de todos los tipos y tamaños que nunca parecen hacer daño a nadie, descargas eléctricas que no llaman la atención de nadie a pesar de aparecer en medio de la ciudad, edificios incendiados, dragones de papel que se convierten en dragones reales en medio de la multitud y tampoco pasa nada porque, el mago y su joven ayudantes ya están vestidos como agentes de la policía, y muchas, muchas más necedades y fruslerías sin sentido respaldadas por unos diálogos que no envidiarían ni las tiras cómi cas de algún periódico cualquiera.

¿Actuaciones? En ese grupete no nos parece que haya alguien que pueda sacar la cabeza desde el punto de vista histriónico, aunque hubiéramos preferido que la hermosa Mónica Bellucci hubiera aparecido desde el principio. ¿Le gusta la magia? Vea algún programa en TV con magos de verdad, que lo de este film es pura chocarrería y efectos especiales a espuertas para llenar los ojos.

EL APRENDIZ DE BRUJO
Dirección: Jon Turteltaub; Guión: Lawrence Konner, Mark Rosenthal, Matt López y Carlo Bernard; Fotografía: Bojan Bazelli; Musicalización: Trevor Rabin; Intérpretes: Nicolás Cage, Jay Baruchel, Alfred Molina, Teresa Palmer, Toby Kobbell, Monica Bellucci, Alice Krige.

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